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¿Cuál es la mejor edad para aprender un idioma?

¿Cuál

Aunque nuestro conocimiento sobre el aprendizaje de idiomas está en constante desarrollo, los mitos que aseguran que los niños son mejores aprendiendo un idioma pueden desmotivar a otros a aceptar este reto. La verdad es que todos pueden – y deberían – aprender otro idioma, sin importar su edad. Aquí te explicamos por qué.

Cómo aprendemos

El aprendizaje de idiomas es una función esencial del cerebro que nos permite darle sentido a nuestro mundo. Sin la exposición a un idioma en la niñez, creceríamos con una habilidad limitada para comunicarnos. Las historias de niños abandonados han demostrado trágicamente la importancia de una exposición a edad temprana y el precio que se paga si el humano es privado de los idiomas en sus primeros años de vida.

Pero los bebés tienen una predisposición a escuchar e imitar idiomas incluso antes de nacer, algunos estudios han demostrado que, sin palabras, los bebés pueden llorar y comunicarse “con acento”. La capacidad de hablar su lengua materna está basada en este fundamento y su habilidad de expresarse se desarrolla rápidamente en los primeros años de vida.

Los niños adquieren sus habilidades en el idioma a través de un proceso que los científicos llaman “aprendizaje implícito”: absorber e imitar lo que escuchan. Enfocándose en adquirir los medios y herramientas para comunicar lo que desean de la forma más eficiente posible.

Ellos no piensan en aprender el idioma, simplemente lo hacen.

Porqué aprendemos

Los niños tienen una urgencia por aprender el idioma para sobrevivir y subsistir tanto en su hogar como en su entorno social. Aunque reciben una guía al aprender el idioma, no siguen una estructura, viven inmersos en el idioma y aprenden a través de un proceso de prueba y error continuo y desordenado.

Niños bilingües o multilingües son capaces de navegar por diferentes idiomas sin esfuerzo, brindándoles a ellos, y a sus cerebros, un grandes beneficios para toda la vida.

Pero, cuando se trata de idiomas, realmente nunca terminas de aprender y, en muchas formas, nuestras ganas por expandir nuestros horizontes lingüísticos solo aumentan con la edad.

Cuando se trata de nuestra lengua nativa somos, de hecho, aprendices naturales para toda la vida. Uno de los estudios más amplios sobre el aprendizaje de idioma recientemente llegó a la conclusion de que puede tomarte hasta 30 años dominarlo. A lo largo de nuestras vidas añadimos palabras nuestro vocabulario, aprendemos nuevas expresiones y coloquialismos; evolucionamos con el idioma con el que nacimos desarrollando nuestra capacidad de expresarnos de forma más sofisticada.

En un mundo cada vez más conectado, nos vemos en la necesidad de aprender nuevos idiomas para poder participar de discusiones globales, consumir productos globales, comercio internacional y desarrollar relaciones y amistades que cruzan fronteras. Sin aprender idiomas globales como el inglés, nos podemos sentir apartados del mundo en el sentido más literal.

Así que, ¿por qué pesar de nuestra necesidad y deseo innato de expandir nuestros horizontes lingüísticos dudamos tanto en aceptar el reto?

Salir de nuestras cabezas hacia el mundo

Es común escuchar adultos y jóvenes decir que son muy viejos para aprender un idioma y que es muy difícil. Y muchos, aunque no lo quieran admitir, dudan por que no se sienten cómodos cometiendo errores frente a otros.

¿Es realmente más difícil aprender un idioma nuevo mientras más grande seas?

Aunque un estudio reciente conducido por el MIT demostró que ciertos aspectos de la fluidez en el idioma están ligados a la exposición en la infancia, como la comprensión de reglas específicas de gramática, en realidad hay pocas pruebas de que los adolescentes y los adultos sean menos efectivos para aprender idiomas que los niños más pequeños, especialmente si el objetivo no es la fluidez a nivel nativo.

Otros estudios incluyendo un estudio de hablantes bilingües de catalán-español aprendiendo inglés, han demostrado que los adultos aprenden más rápido que los niños.

Nuestra investigación también demuestra que los adultos, incluso principiantes, progresan más rápido, especialmente si aprenden a través de la inmersión. Joshua Hartshorne, profesor asistente de psicología en Boston College y autor principal del estudio del MIT, lo confirma argumentando que “Yo aprendería en un entorno de inmersión. La inmersión tiene un efecto enorme en nuestros datos incluso en relación con rangos de edad bastante amplios.”

La inmersión funciona porque se aprende de forma natural, necesaria, continua y divertida.

Existe una ventaja adicional que los estudiantes adultos poseen: un acercamiento estructurado al aprendizaje.

Busca la estructura

Gracias a la escuela descubrimos lo que nos funciona como estudiantes. Algunos aprendemos escuchando, otros necesitan escribir y memorizar reglas y formulas. Para el momento en el que somos adultos jóvenes hemos aprendido como aprender.

Este acercamiento más estructurado es valioso al aprender un idioma nueva, precisamente porque los idiomas poseen una estructura por naturaleza.

Los periodos de atención también son importantes. Mayor estructura conlleva a mayor concentración y atención que los niños no poseen; una habilidad que Antonella Sorace, profesora de desarrollo lingüístico y directora del Centro Bilingüe de la Universidad de Edimburgo, llama “aprendizaje explícito” en contraste a la forma implícita en la que los niños aprenden.

Comprométete con tus objetivos

Al crecer, nuestros objetivos en términos de estudios y carrera se aclaran y nos ayudan a mantenernos motivados. Podríamos, por ejemplo, motivarnos a aprender francés porque queremos ser diplomáticos, dominar el inglés para tener una carrera internacional o poder conversar en coreano porque amamos el K-pop.

En otras palabras, el “porque” se convierte en un factor importante en el éxito del “como”.

Las conexiones sociales tienen que ver en esto. Así como los niños, los adultos son propensos a aprender un idioma más rápido si conviven con otros estudiantes y usan su nuevas habilidades en ambientes sociales que los hacen felices.

Pero como en cualquier viaje, aprender un idioma es más fácil si sabemos hacia dónde nos dirigimos.

No caigas en la trampa de la fluidez

¿Debería ser la fluidez el objetivo final del aprendizaje de idiomas? Lograr la fluidez es difícil, toma tiempo. Algunos idiomas son más difíciles de aprender que otros, el inglés es relativamente fácil, por ejemplo, el alcanzar la fluidez está en función del esfuerzo y la exposición constante al idioma, incluso para los niños que lo hacen de forma menos consciente.

Aun así, obsesionarte con la fluidez puede desmotivarte. Aunque es un objetivo válido a largo plazo, es mejor y más productivo tener objetivos definidos y realistas, por ejemplo: ser capaz de leer y entender el idioma con facilidad, o sentirte con la confianza de comunicarte en situaciones cotidianas o con desconocidos.

A pesar de que tener objetivos tangibles es crucial en el éxito para cualquier estudiante, ver como el aprendizaje de idioma te beneficia en un sentido más amplio te ayudará a motivarte aún más.

Entiende el panorama

El aprendizaje de idiomas no funciona como una aspiradora. Los estudios demuestran que sumergirnos en una nueva cultura y conectando con personas de todo el mundo cruzando fronteras y limitantes nos hace más creativos.

Aprender un idioma y sentirte cómo saltando de un idioma a otro también te ayudará a cambiar entre diferentes perspectivas del mundo, haciéndonos más empáticos y tolerantes con otros.

Hablar más idiomas también nos ayuda a sentirnos conectados con otros, nos permite viajar más y aumenta nuestra confianza.

En el nivel más fundamental, aprender idiomas nos ayuda a comunicarnos y conectar con el otro y darnos cuenta de que todos estamos juntos, a pesar de lo que se ha dicho, no hay una edad límite para esto.

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